Pérdida de biodiversidad impulsa a mosquitos a alimentarse más de humanos

La degradación de los ecosistemas y la pérdida acelerada de biodiversidad están modificando el comportamiento de los mosquitos, incrementando su preferencia por la sangre humana y elevando con ello los riesgos sanitarios. Así lo revela un estudio realizado por el Instituto Oswaldo Cruz y la Universidad Federal de Río de Janeiro, publicado en la revista científica Frontiers in Ecology and Evolution.

La investigación se centró en la Mata Atlántica brasileña, uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad del planeta, pero también uno de los más degradados. De su extensión original, estimada en cerca de 1.3 millones de kilómetros cuadrados, actualmente sólo se conserva entre el 28 y el 30 por ciento, de acuerdo con datos oficiales. Esta fragmentación ha reducido drásticamente la disponibilidad de fauna silvestre que tradicionalmente servía como fuente de alimento para los mosquitos.

Para el estudio, los científicos capturaron mosquitos en dos áreas naturales del estado de Río de Janeiro —la Reserva Sítio Recanto y la Reserva Ecológica del Río Guapiacu— mediante trampas de luz. En total se recolectaron mil 714 ejemplares pertenecientes a 52 especies. De ellos, 145 hembras estaban alimentadas recientemente con sangre, y en 24 casos fue posible identificar con precisión la fuente del alimento mediante secuenciación de ADN. El resultado fue contundente: 18 muestras correspondieron a sangre humana, mientras que el resto provenía de aves, un anfibio, un cánido y un roedor.

El autor principal del estudio, Jeronimo Alencar, explicó que las especies de mosquitos analizadas mostraron una clara adaptación a los entornos modificados por la actividad humana. Al desaparecer sus huéspedes naturales, los insectos recurren a la opción más cercana y abundante: las personas. Incluso se detectaron casos de ingestas mixtas, lo que demuestra que algunos mosquitos presentan preferencias flexibles y se alimentan de múltiples especies cuando las condiciones lo permiten.

Este cambio en los patrones alimentarios tiene implicaciones directas para la salud pública. En estas regiones, los mosquitos son vectores de enfermedades como dengue, zika, chikunguña, fiebre amarilla y otros virus emergentes. Tan solo en 2023, Brasil registró más de 1.6 millones de casos probables de dengue, con el sureste del país entre las zonas más afectadas, según cifras oficiales.

Los investigadores subrayan que comprender el comportamiento alimentario de los mosquitos es clave para anticipar brotes epidemiológicos y diseñar estrategias de prevención más eficaces. El estudio refuerza la advertencia de que la destrucción de los ecosistemas no sólo afecta a la fauna y flora, sino que también incrementa la exposición humana a enfermedades, al alterar el delicado equilibrio entre especies en ambientes naturales y periurbanos.