Calladita te ves más bonita… pero tomar la palabra también es un acto feminista

Tomar la palabra también es una forma de romper silencios históricos y abrir espacios para otras mujeres

Por Kristel Guzmán

A los 22 años tomé un micrófono por primera vez.

Y déjenme decirles algo: fue una catástrofe.

Las palabras se me enredaban, la voz temblaba y por momentos pensé que quizá ese mundo no era para mí. Sin embargo, no me rendí.

A esa niña, diez años después, le diría algo muy simple pero poderoso: sí se puede.

El silencio como herencia cultural

Durante generaciones, a las mujeres se nos enseñó que el silencio era una virtud. Que hablar demasiado era incómodo. Que opinar fuerte era sinónimo de rebeldía. Y que cuestionar, simplemente, no era propio de una “buena mujer”.

El famoso dicho “calladita te ves más bonita” no es solo una frase popular; es el reflejo de una cultura que durante mucho tiempo intentó colocar a las mujeres en el espacio de la discreción, del fondo de la sala, del asiento de atrás… lejos de poder opinar.

Cada vez más mujeres decidimos tomar la palabra. Y no solo en los espacios públicos o en los medios de comunicación, sino también en la mesa familiar, en la universidad, en las oficinas, en la política y en las calles.

Porque hablar, para muchas mujeres, no es solo expresarse.

Es romper una herencia cultural que nos enseñó a pedir permiso para existir.

Tomar la palabra también es un acto feminista.

Lo es cuando una mujer habla, porque no solo cuenta su historia: abre camino para otras.

Cuando una mujer cuestiona, rompe estructuras que parecían inamovibles.

Y cuando una mujer levanta la voz, muchas otras descubren que también pueden hacerlo.

Con los años también aprendí algo más: si algo no me gusta, ya no me quedo callada.

Aprendí que expresar inconformidad no es ser conflictiva, es tener dignidad.

Porque la capacidad intelectual de una mujer pocas veces es tan cuestionada como cuando decide opinar.

Cuando una mujer levanta la voz, inevitablemente aparecen quienes cuestionan su tono, su forma, su carácter o incluso su preparación.

No siempre se discute la idea. Muchas veces se intenta desacreditar a quien la expresa.

En los medios de comunicación, por ejemplo, las mujeres hemos tenido que aprender a navegar entre dos juicios permanentes:

Si hablas demasiado eres intensa. Si hablas poco, no tienes carácter. Si opinas, incomodas. Si no opinas, desapareces.

Por eso cada espacio conquistado, cada micrófono tomado, cada opinión emitida tiene un peso simbólico enorme.

Porque durante años nos dijeron que era mejor guardar silencio.

Y hoy sabemos que el silencio nunca cambió nada.

A diez años de aquella primera vez frente a un micrófono, entiendo que no se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo posible.

Porque cada vez que una mujer decide hablar, cuestionar, opinar o contar su historia, está haciendo algo profundamente político: está ocupando un espacio que durante mucho tiempo se le quiso negar.

Así que no…

No queremos vernos “más bonitas calladitas”.

Queremos vernos libres, informadas y con voz.

Porque hoy más que nunca, en este país y en este momento histórico, tomar la palabra también es un acto feminista.

Sobre la autora

Kristel Guzmán es Maestra en Derecho Político Electoral, licenciada en Comunicación Social, conductora de radio y televisión.

Ex titular del noticiero radiofónico Notirivas (93.7 FM “La Reverenda” Mérida y 92.1 FM MYL) y actualmente conduce el noticiero televisivo Notitrece de la Tarde en Canal 13 Yucatán del grupo Albavisión.

Ha sido moderadora en espacios clave como el Debate a la Gubernatura del Estado 2024, además de participar en paneles del Gobierno del Estado y foros del IEPAC Yucatán.

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