Cada 8 de marzo las calles adquieren otro significado, y este año no fue la excepción. Miles de mujeres salieron a caminar juntas por Mérida con un propósito claro: ocupar los espacios públicos desde la libertad, la memoria y la solidaridad.
La movilización comenzó en el Parque de La Mejorada y avanzó por el Corredor Gastronómico de la calle 47. A lo largo del trayecto, trabajadores de los restaurantes de la zona mostraron su apoyo a las manifestantes ofreciendo agua y algunos alimentos, un gesto que reflejó el ambiente de acompañamiento que se vivió durante la jornada.
A diferencia de otros años, la marcha se caracterizó por un ambiente más incluyente. Hombres acompañaron a familiares, amigas o parejas, principalmente cuidando a niñas y niños que también formaron parte del recorrido. La presencia de infancias, mascotas y familias completas convirtió la movilización en un espacio diverso, donde distintas generaciones se encontraron para expresar sus causas.
El contingente fue encabezado por familiares de víctimas de feminicidio y por personas con discapacidad, quienes caminaron al frente recordando que la lucha también es por justicia, dignidad y visibilidad.
La llamada “ola morada” reunió a mujeres jóvenes y adultas, activistas con años en el movimiento y otras que participaban por primera vez, así

Cada 8 de marzo las calles adquieren otro significado, y este año no fue la excepción. Miles de mujeres salieron a caminar juntas por Mérida con un propósito claro: ocupar los espacios públicos desde la libertad, la memoria y la solidaridad.
La movilización comenzó en el Parque de La Mejorada y avanzó por el Corredor Gastronómico de la calle 47. A lo largo del trayecto, trabajadores de los restaurantes de la zona mostraron su apoyo a las manifestantes ofreciendo agua y algunos alimentos, un gesto que reflejó el ambiente de acompañamiento que se vivió durante la jornada.
A diferencia de otros años, la marcha se caracterizó por un ambiente más incluyente. Hombres acompañaron a familiares, amigas o parejas, principalmente cuidando a niñas y niños que también formaron parte del recorrido. La presencia de infancias, mascotas y familias completas convirtió la movilización en un espacio diverso, donde distintas generaciones se encontraron para expresar sus causas.
El contingente fue encabezado por familiares de víctimas de feminicidio y por personas con discapacidad, quienes caminaron al frente recordando que la lucha también es por justicia, dignidad y visibilidad.
La llamada “ola morada” reunió a mujeres jóvenes y adultas, activistas con años en el movimiento y otras que participaban por primera vez, y aliados que acompañaron el trayecto.
Al llegar al primer monumento del recorrido, el ánimo colectivo se intensificó. Un grupo de manifestantes logró retirar las vallas colocadas alrededor del busto de Felipe Carrillo Puerto y realizó intervenciones en el sitio, entre aplausos y consignas que resonaron entre quienes observaban la escena.
La marcha continuó su recorrido hacia el Monumento a Justo Sierra, donde también se registraron intervenciones y consignas plasmadas en el pavimento, banquetas y algunas vallas colocadas en establecimientos.
Finalmente, el recorrido culminó en el Monumento a la Patria, que se convirtió en el punto más intenso de la jornada. Aunque el sitio se encontraba protegido con vallas metálicas, un grupo de manifestantes del denominado bloque negro comenzó a retirar gradualmente la estructura hasta abrir un acceso que permitió que otras participantes ingresaran al área del monumento. Ese momento marcó el clímax de la movilización, entre consignas, aplausos y expresiones de protesta que resonaron en el emblemático espacio de Paseo de Montejo.
Más allá de las consignas y las distintas expresiones del movimiento, la jornada dejó una imagen clara: mujeres de distintas edades y contextos caminando juntas, recordando que el 8 de marzo es también un momento para hacerse visibles, compartir historias y reafirmar que la búsqueda de igualdad continúa avanzando.

Al llegar al primer monumento del recorrido, el ánimo colectivo se intensificó. Un grupo de manifestantes logró retirar las vallas colocadas alrededor del busto de Felipe Carrillo Puerto y realizó intervenciones en el sitio, entre aplausos y consignas que resonaron entre quienes observaban la escena.
La marcha continuó su recorrido hacia el Monumento a Justo Sierra, donde también se registraron intervenciones y consignas plasmadas en el pavimento, banquetas y algunas vallas colocadas en establecimientos.
Finalmente, el recorrido culminó en el Monumento a la Patria, que se convirtió en el punto más intenso de la jornada. Aunque el sitio se encontraba protegido con vallas metálicas, un grupo de manifestantes comenzó a retirar gradualmente la estructura hasta abrir un acceso que permitió que las manifestantes ingresaran al área del monumento.
Más allá de las consignas y las distintas expresiones del movimiento, la jornada dejó una imagen clara: mujeres de distintas edades y contextos caminando juntas, recordando que el 8 de marzo es también un momento para hacerse visibles, compartir historias y reafirmar que la búsqueda de igualdad continúa avanzando.


