Ali Larijani, veterano político iraní y una de las personalidades más influyentes de la República Islámica, murió el mes pasado en un ataque aéreo mientras visitaba a su hija en las afueras de un suburbio de Teherán, según reportó la agencia semioficial Fars. Tenía 67 años. El ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, atribuyó la acción a fuerzas israelíes.
Larijani provenía de una familia clerical destacada y ocupó múltiples cargos de relevancia tras la Revolución Islámica de 1979. Durante la guerra Irán-Irak en los años 80, comandó al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria y luego asumió roles como director de la emisora nacional y presidente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. También se desempeñó en el parlamento iraní, donde presidió durante 12 años.
Como cercano asesor del líder supremo Ali Khamenei, Larijani influyó en negociaciones nucleares con Occidente, en la política exterior regional y en la gestión de disturbios internos. Aunque defendió firmemente el sistema teocrático, era considerado más pragmático que otras figuras de línea dura, promoviendo ocasionalmente la diplomacia y adoptando un tono conciliador frente a la oposición interna.
No obstante, su historial incluye la participación en la represiva respuesta a las protestas masivas de enero, que dejó miles de muertos y provocó sanciones por parte de Estados Unidos. Tras los ataques estadounidenses e israelíes iniciados el 28 de febrero, Larijani condenó a los agresores y advirtió contra cualquier intento de manifestación que amenazara la estabilidad del país.
Su labor también estuvo ligada a la política nuclear de Irán, diseñada para avanzar en capacidades atómicas dentro de límites internacionales sin provocar ataques directos, estrategia que proyectó públicamente mediante entrevistas y negociaciones con países occidentales en representación de Khamenei.

